Desde que ChatGPT tiene anuncios, OpenAI ha empezado a recoger lo que haces fuera de ChatGPT. Lo hace con una cookie llamada __obi que viaja desde webs corrientes hasta sus servidores, y con ella puede atar tu navegación a tu cuenta.
No es una filtración ni un fallo: es el sistema de publicidad funcionando como está diseñado. Pero el detalle importa, porque cambia quién sabe qué de ti y, si tienes web, porque puede acabar afectándote como responsable y no solo como usuario.
Cómo llega tu navegación a OpenAI
El mecanismo es el de siempre en publicidad digital. Una empresa que compra anuncios en ChatGPT instala en su web un fragmento de código de OpenAI. Cuando tú cargas esa página, el código se ejecuta y manda la cookie __obi a OpenAI junto con información de lo que estás viendo.
Ahí va lo que buscas, los artículos que lees y tu comportamiento de compra en esa tienda, según el análisis que lo documentó. Como la cookie identifica al mismo navegador que usa ChatGPT, OpenAI puede enlazar esa actividad con tu cuenta.
Qué datos viajan y cuáles no
Conviene separar las dos direcciones, porque se confunden con facilidad. Lo que sale de tu navegador hacia OpenAI es tu actividad en webs de terceros que han instalado el código.
Lo que no sale, según la empresa, son tus conversaciones. OpenAI sostiene que los anunciantes no ven los chats, ni el historial, ni la memoria, ni datos personales, y que la segmentación se hace con información que se queda dentro de ChatGPT.

Qué dice OpenAI al respecto
En su documentación, OpenAI explica que no comparte las conversaciones con los anunciantes y que nunca vende datos a terceros. Las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo que lo anterior.
La distinción es fina pero real: una cosa es que el anunciante reciba tus datos y otra que OpenAI los recoja para decidir qué anuncio te enseña. Lo segundo es lo que hace este sistema, y es justo lo que pasa desapercibido.
Qué significa para las empresas españolas
Aquí está el giro que casi nadie ve. Una pyme española no es solo el sujeto vigilado: puede ser quien instala el código. Si tu web lleva ese fragmento para medir campañas en ChatGPT, eres tú quien coloca la cookie en el navegador de tus visitantes.
Y eso te convierte a ti en responsable del aviso y del consentimiento, no a OpenAI. En España, colocar cookies que no son estrictamente necesarias exige información previa y consentimiento del usuario, y quien lo supervisa es la AEPD. Si estás revisando cómo encaja todo esto, nuestra guía para cumplir la normativa cubre el terreno.
Lo que puedes hacer hoy
Como usuario, la palanca es la de siempre: revisar los ajustes de personalización de anuncios en tu cuenta y mirar de verdad las cookies que aceptas al entrar en una web.
Como empresa, la lista es más corta y más incómoda. Saber qué etiquetas de terceros lleva tu web, quién las metió y qué recogen. Es un inventario aburrido que casi nadie tiene al día, y es lo primero que sale cuando entramos a ordenar esto en un proyecto de consultoría de IA. La publicidad en ChatGPT es nueva, pero las obligaciones que arrastra no lo son.
