Un juzgado de Múnich ha decidido que tres logos generados con inteligencia artificial no son obra protegida por el derecho de autor. La resolución es del 13 de febrero de 2026 y lleva el número 142 C 9786/25, según recoge el Instituto Autor.
Detrás hay una pregunta que ya se hace cualquier equipo de marketing que trabaja con estas herramientas: si el texto, la imagen o el logo lo ha sacado una IA, ¿de quién es? La respuesta que deja el expediente es incómoda. De nadie, y eso quiere decir que cualquiera puede cogerlo y usarlo.
Qué decidió el juzgado de Múnich
El demandante había generado tres logos con una herramienta de IA y reclamaba contra quien los estaba usando sin permiso. El juzgado ni siquiera llegó a valorar ese uso: cortó antes, al concluir que no había obra que proteger.
El prompt no te hace autor
El criterio que aplica la resolución es el europeo de siempre. Para que haya obra hace falta una creación intelectual propia que refleje decisiones creativas libres del autor, y esa intervención humana tiene que moldear el resultado de forma objetiva e identificable.
Aquí no lo hacía. El juzgado vio unas instrucciones limitadas, sobre todo técnicas y abiertas, sin aportación creativa de fondo. Y añadió algo que conviene subrayar: elegir un resultado entre las varias propuestas que devuelve la IA tampoco cuenta como crear.
La comparación que se ha hecho del caso es la del encargo a un diseñador, según el análisis de GenAIE: tú dices qué quieres y la otra parte decide cómo se hace. Por complejo o iterativo que sea el prompt, las decisiones visuales las toma la máquina.

Qué significa para las empresas españolas
El criterio no es alemán, es europeo, así que la lectura vale igual aquí. Si tu agencia te entrega una identidad visual o una campaña hecha con IA, puede que no estés comprando ninguna exclusividad: si mañana un competidor usa esa misma imagen, no tienes con qué pararle.
Eso cambia cómo se negocia un contrato de contenidos, porque una cláusula de cesión de derechos solo sirve si hay derechos que ceder. Es de las cosas que conviene mirar antes de firmar, con quien lleve la estrategia de IA de la casa. Y la trazabilidad juega en contra: desde agosto el AI Act obliga a avisar de que hay una IA detrás.
Cómo se documenta el trabajo humano
La salida no es dejar de usar IA, es dejar rastro. Guarda los bocetos previos, las iteraciones y sobre todo los retoques posteriores, que es donde suele estar la aportación humana de verdad.
Solo las modificaciones sustanciales y las selecciones con criterio propio sostienen una reclamación. Si el archivo final salió tal cual de la herramienta, hay poco que defender por muchas horas que le hayas echado. En nuestra guía de cumplimiento está cómo dejarlo por escrito.
Una línea que aún se está moviendo
Conviene no sacar la conclusión de más. Esto es una resolución de primera instancia sobre tres logos concretos, no doctrina asentada, y el reparto entre lo que aporta la persona y lo que aporta el modelo se va a discutir caso por caso durante bastante tiempo.
Pero la dirección se ve. Quien dé por hecho que lo que le devuelve una IA es suyo por defecto está construyendo sobre algo que hoy, en Europa, ningún tribunal le ha reconocido.
