Un desarrollador en China puede comprar tokens de Claude por el 10% de lo que cuestan. No es un descuento ni un programa académico: es un mercado gris montado sobre proxies que se hacen pasar por clientes legítimos de Anthropic y que mueven las peticiones, y los datos que llevan dentro, por servidores de nadie.
Lo cuenta Zilan Qian, investigadora del Oxford China Policy Lab, en un análisis publicado en ChinaTalk. Interesa fuera de China por una razón concreta: la misma infraestructura que salta un bloqueo geográfico sirve para colarse en la cadena de proveedores de cualquier empresa.
Un proxy que se hace pasar por ti
La pieza central se llama estación de transbordo. Es un proxy de API alojado fuera de China que recibe la petición del desarrollador, la reenvía a Anthropic como si saliera de un cliente autorizado y devuelve la respuesta. Se paga en yuanes por WeChat o Alipay, sin VPN y sin tarjeta extranjera.
Anthropic tiene los controles de acceso más duros del sector: verificación de teléfono, de tarjeta y hasta selfie en vivo para algunos usuarios. La cadena los rodea igual, con registradores masivos de cuentas arriba, plataformas de SMS en medio y reventa en Taobao abajo. Cuando cae un proxy, el de repuesto está montado en horas.
De dónde sale un precio del 10%
Los propios operadores lo resumen con un dicho, un pez y tres comidas. La primera, registrar cuentas en masa para exprimir los 4 € de crédito gratuito que Anthropic regala. La segunda, repartir un plan Max de unos 172 € entre varios usuarios con cuotas por hora.
La tercera explica el 10%. Todo lo que pasa por el proxy es visible para quien lo opera: prompts, respuestas y llamadas a herramientas. Ya circulan por Hugging Face conjuntos de datos con razonamientos de Claude Opus 4.6 sin procedencia clara. Qian avisa de que no hay prueba de venta sistemática de esos registros, pero sin esa vía la cuenta no sale.

Pagas por Opus y te dan otra cosa
Aquí está el dato que más debería importar a una empresa. Investigadores del CISPA Helmholtz, en Alemania, examinaron 17 de estos proxies y encontraron sustitución de modelo generalizada: el proxy cambia por detrás el modelo caro por uno barato. En la comunidad china lo llaman diluir.
Un endpoint que se vendía como Gemini 2.5 sacó un 37% en una prueba médica donde el modelo oficial saca un 83,82%. Pagabas por un modelo y recibías otro, sin saberlo. Anthropic ya probó una marca de agua invisible, pero eso prueba procesamiento, no quién está al otro lado.
Qué significa para las empresas españolas
El vínculo con España no es el suceso, es la cadena. El artículo 28.2 del RGPD dice que el encargado del tratamiento no recurrirá a otro encargado sin autorización previa por escrito del responsable. Un proxy metido en medio es justo eso: un subencargado que nadie ha autorizado.
El riesgo realista no es que tu empresa compre en Taobao. Es más aburrido: un empleado que se busca acceso barato por su cuenta, o un proveedor pequeño que te factura IA a un precio que no cuadra. Es el problema del shadow AI con una vuelta de tuerca, porque aquí ni el modelo es el que crees.
La comprobación es sencilla y casi nadie la hace: pedir al proveedor contra qué endpoint factura y contrastar sus respuestas con una tarea de control conocida. Elegir proveedor de IA deja de ser una cuestión de precio en cuanto entra la trazabilidad.
Los registros son el verdadero producto
Qian remata con un argumento que va más allá de la rivalidad entre China y Estados Unidos. Cuando la petición llega por un proxy, el proveedor ve la cuenta y la IP del intermediario, no las del usuario final, y los sistemas antiabuso pierden pie.
Y la factura la acaba pagando gente que no ha elegido nada. El precedente que cita es Worldcoin: escaneos de iris recogidos en Camboya y Kenia que se vendieron por menos de 26 €. Antes de fiarte de un precio muy bueno, conviene saber quién más está en la cadena.
