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Anthropic pierde su pulso con el Pentágono en los tribunales

Por Joaquín Trapero • Publicado hace 3 días
Anthropic pierde su pulso con el Pentágono en los tribunales

Puntos clave

• Un tribunal de apelación de EE. UU. falló el 25 de septiembre, por 2 a 1, a favor del Pentágono
• Anthropic se negó a que Claude se usara en armas autónomas letales y vigilancia masiva
• Un juzgado de San Francisco anuló en agosto otra designación paralela, así que la pelea sigue
• El uso comercial de Claude en España no cambia; sí afecta a proveedores de defensa de EE. UU.

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Anthropic ha perdido en los tribunales su pulso con el Pentágono. El tribunal de apelación del distrito de Columbia decidió el 25 de septiembre, por dos votos a uno, que el Departamento de Guerra, el nuevo nombre del de Defensa, podía sacar a Claude de su cadena de suministro después de que Anthropic se negara a quitar dos límites de sus contratos: nada de armas autónomas letales y nada de vigilancia masiva de estadounidenses.

La empresa dice que no está de acuerdo y estudia recurrir. Para quien usa Claude en España no cambia nada mañana, pero el fallo pone sobre la mesa una pregunta que va mucho más allá de Washington: quién decide para qué se puede usar un modelo de IA.

Qué ha decidido el tribunal

El caso gira en torno a una ley de 2018 que deja a una agencia federal vetar a un proveedor que considere un riesgo para la seguridad nacional, y también los subcontratos que lo usen para trabajar para ella. El juez Gregory Katsas, con el apoyo de la jueza Neomi Rao, escribe en la sentencia que el Pentágono tenía «amplio respaldo» para concluir que mantener a Claude en sus sistemas era un riesgo.

El tribunal también tumba los argumentos constitucionales de Anthropic. Según la sentencia, a la empresa no la apartaron por pedir más regulación de la IA, sino por negarse a aceptar una cláusula que el Pentágono consideraba imprescindible.

Cómo se llegó hasta aquí

Cómo se llegó hasta aquí

Anthropic fue cediendo durante dos años. Creó un modelo específico para el Gobierno, Claude Gov, y permitió usarlo para diseñar armas, analizar inteligencia extranjera o hacer operaciones cibernéticas ofensivas. Pero mantuvo esas dos líneas rojas.

En enero, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, exigió que los contratos de IA admitieran «cualquier uso legal». Anthropic dijo que no el 26 de febrero, y su consejero delegado, Dario Amodei, explicó que la IA todavía no es lo bastante fiable para mover armas totalmente autónomas. El 3 de marzo llegó la designación, y tres días después una orden para retirar Claude de los sistemas del Pentágono en 180 días y prohibir a sus contratistas usarlo en su trabajo para el departamento.

La pelea no ha terminado

La jueza Karen LeCraft Henderson votó en contra. Para ella, la ley apunta a quien sabotea o manipula a escondidas, no a una empresa que aplica abiertamente límites conocidos en su propio producto. Y en agosto una jueza de San Francisco, Rita Lin, declaró ilegal otra designación paralela, hecha con una ley distinta, y frenó el veto al resto de la Administración. Anthropic estudia pedir que el tribunal completo revise el caso, y el Supremo sigue siendo una opción.

Qué significa para las empresas españolas

Anthropic acaba de abrir filial en Madrid, con BBVA, Santander, CaixaBank, Telefónica y Ferrovial entre sus clientes, y nada de esto les afecta: el fallo va de compras de defensa en EE. UU., no del uso comercial. Donde sí muerde es en la cadena de suministro militar. Si tu empresa trabaja para el Departamento de Guerra, directa o como subcontratista, revisa si Claude aparece en ese trabajo.

La lección de fondo vale para todos. Cada proveedor de IA tiene su política de uso, y esa letra pequeña decide qué puedes construir y qué no. Elegir modelo pensando en eso, y dejarte margen para cambiar, es parte de una buena estrategia de IA. En nuestra comparativa de Claude y ChatGPT tienes cómo se diferencian los dos.

Quién pone las reglas de la IA

En el fondo, el caso pregunta si manda quien fabrica el modelo o quien lo compra. En la defensa de EE. UU., de momento, gana el comprador. En Europa el debate va por otro camino: el AI Act deja fuera los usos militares, pero sí prohíbe, con excepciones, la identificación biométrica remota en tiempo real en espacios públicos con fines policiales. Las políticas de uso de los proveedores van a pesar cada vez más cuando firmes con ellos.

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