OpenAI encendió el 13 de agosto una función llamada Computer History en la aplicación de escritorio de ChatGPT para macOS. Construye una línea de tiempo de lo que haces en tus aplicaciones y en las webs que visitas, y con eso fabrica recuerdos que ChatGPT y Codex pueden consultar después. Está en Estados Unidos, en Australia y en buena parte del mundo.
En España no. Tampoco en el resto del Espacio Económico Europeo, ni en Suiza, ni en Reino Unido, como adelantó 9to5Mac. Es la segunda vez esta semana que una función sale primero fuera de Europa, y merece la pena mirar por qué antes de darlo por una molestia más.
Qué registra y qué no
Computer History sustituye a Chronicle y no es un cambio de nombre: está reconstruida. Chronicle trabajaba con capturas de pantalla. Computer History registra los eventos de interacción que macOS expone por su sistema de accesibilidad, o sea clics, teclas, atajos y saltos entre aplicaciones.
No captura pantallas, ni grabaciones, ni micrófono, ni audio del sistema, y la navegación privada queda siempre fuera, según la documentación de OpenAI. Viene apagada, y en los espacios Business y Enterprise el administrador tiene que dar permiso antes de que nadie pueda encenderla.
Dónde acaban tus datos
La palabra local hace mucho trabajo en el anuncio, así que conviene afinar. Los eventos de interacción se quedan un rato en el Mac, aislados en el App Group de ChatGPT para que otras aplicaciones no lleguen sin permiso, y se borran a las 48 horas.
Los recuerdos que salen de ahí son otra cosa. Son ficheros Markdown en texto plano, guardados en la carpeta personal del usuario, que se leen y se editan y siguen ahí hasta que alguien los borra. Cualquier dato sensible que pase por una aplicación incluida puede acabar resumido dentro.
Los eventos tampoco se quedan en el ordenador. OpenAI los procesa en sus servidores para generar los recuerdos y luego los devuelve al Mac. Dice que no los conserva después del procesado salvo obligación legal y que no los usa para entrenar.
OpenAI avisa del riesgo de inyección
En la documentación hay un aviso que va a pasar más desapercibido de lo que debería. Computer History aumenta el riesgo de inyección de prompts desde el contenido de las aplicaciones y las webs: si entras en una página con instrucciones maliciosas, ChatGPT o Codex pueden acabar siguiéndolas.
El modelo de amenaza cambia. Hasta ahora el asistente leía lo que tú le pegabas. Uno con el registro rodante de tu jornada le da mucha más superficie al texto ajeno.

Qué significa para las empresas españolas
Que no esté disponible no quiere decir que no vaya a llegar. Cuando llegue, la decisión no será del empleado: en Business y Enterprise el permiso se concede desde arriba, así que la política conviene tenerla escrita antes de que aparezca el interruptor.
Y hay una parte que ya toca hoy. El RGPD no se ablanda porque el fabricante llame local al almacenamiento. Si una aplicación incluida guarda datos de clientes, esos datos pueden acabar en un resumen, y ese resumen vive en un fichero de texto dentro de un portátil que viaja.
Las preguntas son cortas y conocidas: qué aplicaciones se excluyen, quién puede encenderlo, qué pasa en un equipo compartido y qué se hace con los recuerdos cuando alguien se va. Eso es consultoría de IA antes que un ticket de sistemas.
La brecha que abre el AI Act
El patrón se repite. Europa recibe las funciones más tarde, o no las recibe, y las empresas de aquí pilotan con menos herramientas que las australianas o las estadounidenses. Pasó esta misma semana con Gemini 3.7 Flash.
La otra lectura es que el retraso trae una revisión hecha. Cuando la función llegue, llegará con las obligaciones del RGPD y del AI Act encima y con el trabajo de residencia y transparencia ya resuelto por el fabricante. Para quien elige entre Claude y ChatGPT en toda una plantilla, esa espera puede valer su precio.
